lunes, 6 de julio de 2015

El país de "sus" libertades

EE.UU. daría prioridad a naves con su bandera para exportar Gas Natural Licuado

El Congreso de los EE.UU. señaló su firme intención de aprobar importantes acuerdos de libre comercio con Asia y Europa. Sin embargo, la Cámara Naviera Internacional (ICS), ha expresado su profunda preocupación por el enfoque potencialmente proteccionista adoptado por EE.UU. en relación con el transporte futuro de las exportaciones de productos energéticos.

Cabe señalar que EE.UU. prevé que el tránsito de productos energéticos por mar se pueda expandir masivamente como consecuencia de la revolución del gas de esquisto.

Los operadores de buques internacionales, representados por la ICS, han mostrado su inquietud ante el modelo que se está desarrollando actualmente y que se basa en la promoción de las exportaciones de Gas Natural Licuado (GNL) por parte de los buques abanderados por el país norteamericano.

En diciembre de 2014, el Presidente de EE.UU Barack Obama firmó un decreto en que requirió a la secretaria de Estado de Transportes implementar un programa de promoción del uso de buques de bandera de Estados Unidos. A través de esta normativa se espera dar prioridad a la tramitación de las licencias de exportación de GNL a aquellos exportadores que utilicen gaseros con bandera de EE.UU., en lugar de buques utilizados por compañías navieras extranjeras.

La ICS cree que este enfoque no está en el espíritu de los compromisos de libre comercio que los EE.UU. han aceptado con respecto a los servicios marítimos de la Organización Mundial del Comercio (OMC) y que tiene implicancias bilaterales, por ejemplo, al tratado de comercio con la Unión Europea (UE).

Ante este panorama, la preocupación cunde en la Comisión Europea (que representa a la UE en las negociaciones comerciales) y los gobiernos de otros países con grandes flotas para GNL, como Japón y Noruega.

La ICS señala que cualquier enfoque proteccionista en el transporte, de ser admitido en EE.UU., puede ser imitado por otros exportadores de energía, como Rusia, Irán y Arabia Saudita. Medida que de hacerse efectiva, podría socavar seriamente el marco jurídico para el acceso a mercados abiertos y los principios del libre comercio en el comercio marítimo que ha facilitado el transporte eficiente de la energía en todo el mundo desde 1980.

Actualmente, es bien conocida la restricción del acceso de naves extranjeras al cabotaje de EE.UU. (reglamentada por la llamada "Ley Jones” que existe desde hace casi 100 años). Pero este nuevo y potencialmente proteccionista enfoque es diferente, ya que se aplica al transporte de las exportaciones de energía en operaciones internacionales.

Cabe recordar que los gaseros son buques de gran complejidad y que normalmente, cuya construcción cuesta más de US$100 millones por unidad. De hecho, EE.UU. no tiene prácticamente ningún buque metanero capaz de operar en los mercados mundiales de exportación y es poco probable que puedan construirlos a corto plazo dado que la mayoría de ellos se construyen en Japón, Corea y China.

Por lo tanto, es posible que en la práctica el programa inicial de EE.UU. conducirá a que los propietarios de buques de GNL extranjeros sean discriminados por métodos, tales como la obligación de emplear a gente de mar de EE.UU. (Mucho más cara que su contraparte no estadounidenses, pese a que los oficiales de buques metaneros poseen una de las categorías salariales más altas entre la gente de mar, independientemente de su nacionalidad).

Sin embargo, EE.UU. sí posee una amplia flota de petrolera nacional. Si se aplica un enfoque proteccionista similar al transporte de las exportaciones del crudo, la industria naviera mundial teme ser completamente excluida de lo que se espera sea uno de los principales envíos del comercio mundial y que se proyecta sea tasado en varios miles de millones de dólares al año.

Cualquier requerimiento presión para utilizar tanqueros de bandera estadounidense implicaría, sin duda, aumentar los costos de la exportación energética de EE.UU. Sin embargo, la ICS señala que a menos que el Representante de Estados Unidos para el Comercio (USTR) u otros partidarios del libre comercio intervengan, las empresas de energía podrían ver esta situación como un precio que vale la pena pagar, a cambio de ser autorizados para exportar crudo.
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