miércoles, 27 de junio de 2012

Más seguridad en las Antillas

Barco holandés patrullará islas del Caribe

Un nuevo barco patrullero, de un gris claro reluciente, de $160 millones estaba anclado la semana pasada en el muelle Outer Mole Pier de la Marina de Guerra de EEUU en Cayo Hueso.

Aunque con una bandera estadounidense a bordo, el barco claramente no pertenecía a Estados Unidos, con sus letreros en holandés, retratos enmarcados de la reina Beatrix y espitas de cerveza Heineken.

El barco, llamado HNLMS Holland, es el nuevo orgullo de la Marina de Guerra Real de los Países Bajos. Cuenta con un gran satélite de comunicaciones, cámaras infrarrojas, un sistema de identificación de enemigos y radares de vigilancia de largo alcance, todo contenido en un mástil de diseño innovador que no rota.

Cuando comience su primer recorrido de servicio a principios del año que viene, el Holland, de 355 pies de eslora, patrullará las aguas territoriales de las seis islas caribeñas del Reino de los Países Bajos: Curazao, Aruba, Bonaire, Sint Maarten, Saba y San Eustaquio, cuya población combinada es de alrededor de 335,000.

Y, aunque brindará servicio al Caribe, el Holland será además un valioso recurso para el Equipo de Trabajo Conjunto Interagencias del Sur, dirigido por EEUU y con sede en Cayo Hueso. Desde su creación en 1994, la principal misión del equipo de trabajo ha sido la intercepción del tráfico de drogas por aire y por mar.

Los Países Bajos — donde el turismo de drogas florece legalmente en los “cafés” de su capital, Amsterdam — podría parecer un aliado poco probable en la larga guerra contra las drogas de Estados Unidos. Pero los holandeses, conjuntamente con los franceses, han sido sus principales aliados en la persecución de los narcotraficantes en el Caribe.

“Desde el fin de la Guerra Fría, ha habido tanto lavado de dinero de droga en los negocios oficiales de los gobiernos y compañías y paraísos fiscales”, dijo el brigadier general Dick Swijgman, comandante de las Fuerzas de los Países Bajos en el Caribe desde su base de Curazao. “El dinero de la droga inflige mucho daño a la democracia de las islas pequeñas”.

Las islas protegidas por los holandeses tienen una ubicación perfecta para que los narcotraficantes transfieran su carga. Aruba, Curazao y Bonaire, situadas junto a las costas de Venezuela, sirven de puntos de transferencia con rumbo norte de la cocaína y la heroína de Colombia y Venezuela con destino a Holanda y el resto de Europa. Sint Maarten, en el Caribe Oriental, es un centro de trasbordo para drogas destinadas a Puerto Rico y las Islas Vírgenes de EEUU, según el Informe de Estrategia de Control Internacional de Narcóticos.

En marzo, la tripulación de la fragata de la Marina de Guerra de EEUU Elrod, con base en Norfolk, interceptó en el Caribe una lancha rápida que cargaba unas 1,000 libras de cocaína.

“Gran parte del crédito por la intercepción se debe a la Marina de Guerra holandesa”, dijo el oficial a cargo de la Elrod, John Callaway, en una nota de prensa.

Un avión de vigilancia holandés divisó a los supuestos traficantes y alertó al Elrod, el cual envió un helicóptero para impedir la huida de la lancha rápida. Cuatro personas fueron arrestadas.

La captura fue parte de una misión en curso de 12 países llamada Operación Martillo. La operación comenzó meses atrás este año para perseguir el tráfico ilícito en las aguas costeras de Centroamérica y Sudamérica.

Los Países Bajos tienen una gran historia marítima, y su marina de guerra llegó a ser la más poderosa del mundo a mediados del siglo XVII. Ahora, los holandeses quieren que los narcotraficantes sepan de su dedicación a la intercepción de drogas. “Somos unas islas pequeñas, pero no se metan con nosotros”, dijo Swijgman. “Ellas son parte de nuestro reino”. 
Fuente: Miami Herald
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