lunes, 19 de noviembre de 2012

Sin solución

Un barco gallego y su armador, retenidos en Liberia desde febrero
Fue acusado de sabotaje económico con intención de pescar ilegalmente

La pesadilla para el ribeirense Manuel Alberto Suárez Álvarez y las otras 19 personas que conforman la tripulación del Eros, un palangrero de 35 metros abanderado en Portugal, comenzó hace nueve meses, cuando su embarcación fue arrestada en Sierra Leona y posteriormente escoltada hasta Monrovia, la capital de Liberia, bajo la acusación de sabotaje económico con intención de pescar ilegalmente en aguas del país. Un país al que llegó a trabajar en noviembre del 2009, después de haber faenado en otros Estados de la costa occidental de África, como Gabón y Costa de Marfil.

Cambió a Liberia después de comprar por 400.000 dólares una licencia privada a una de las agencias marítimas autorizadas por el Gobierno liberiano, «que exige que los trámites para obtener una autorización para pescar los tramite una empresa asentada en el país», aclaró el empresario. El permiso caducó en agosto «y se hizo una renovación». En teoría hasta febrero, o así lo entendía el armador. Pero resultó que no, que para entonces llevaba dos meses caducado. Las autoridades liberianas determinaron que la licencia había sido falsificada, algo que rechaza con contundencia Manuel Alberto Suárez: «Si estaba falsificada, lo habría hecho la agencia. Nosotros siempre hemos trabajado legalmente y con los aparatos de control por satélite».

Pero en el juicio al que fue sometido el barco y su tripulación no atendieron a sus argumentos. Además, la agencia «está desaparecida». Los acusaron de sabotaje económico con intención de ejercer la pesca ilegal. A pesar del resultado negativo, el armador ribeirense respiró aliviado al conocer que se le imponía una fianza elevada sí, de 100.000 dólares, pero al menos se les autorizaba a seguir faenando.

El respiro no duró ni una vuelta de las agujas del reloj. No dio ni para pertrechar el barco. Ese mismo día les llegó otra demanda por la misma infracción y esta segunda se encaminó por la vía penal. «El barco no llegó a salir a pescar». Ni lo hará hasta que no regularice su situación, pero eso requiere 1,7 millones de dólares, entre multas, licencias y demás trámites.

Curiosamente, no fue solo el Eros el que se vio implicado en el caso. Suárez Álvarez sostiene que había otros 28 barcos europeos en su misma situación, con las licencias caducadas, pero solo el suyo fue enjuiciado.
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