viernes, 23 de noviembre de 2012

Único culpable

«Si llevo el barco a Corcubión iría a la cárcel con Mangouras»
López Sors se erige en responsable de la decisión de alejar el «Prestige» hasta que llegan los salvadores y califica de «buen trabajo» la gestión

La percepción de la realidad y sus grandes misterios. «Un buen trabajo». Esta es la definición de la gestión del Prestige que ayer formuló en sede judicial el ex director general de la Marina Mercante José Luis López Sors. Qué diferentes son las percepciones con el paso del tiempo. Incluso en el mismo tiempo. La percepción social veía un Gobierno que no sabía qué hacer con el petrolero. Ayer, sin embargo, el único ex alto cargo acusado dio a entender que todo estaba pensado y atado. «Un buen trabajo», dijo. Pedro Trepat, el abogado de Nunca Máis, es de los que aquellos días tenía la impresión contraria. De ahí que el interrogatorio fuese un choque de percepciones. Correcto pero implacable. Directo y con pocas evasivas. Ambos prescindieron de posturas altivas y se remangaron para descender a aquel día tormentoso, cuando el buque derivaba hacia la costa. López Sors aseguró que la única información que tenían procedía del capitán, que daba por hecho que el petrolero iba a hundirse. En ese contexto, la orden de alejamiento que se reproduce en la columna de la derecha tendría esta explicación: «Prefiero que se coja [al barco] desde el principio y cuanto más alejado esté de la costa, mejor».

El intercambio entró en una fase más difusa. Trepat le recriminó que no supiera qué rumbo era el 125. «Tenía a mi alrededor gente que no eran marinos», dijo, pero en las grabaciones él mismo alega que no es marino para que se disculpe su pregunta. La fase es más difusa porque Trepat le preguntó el porqué de esa primera decisión de alejarlo. Pero López Sors navegaba por explicaciones oscuras y fue Trepat, como si fuera su propio abogado, quien le recordó que esa primera decisión se sustentó, en su anterior declaración, en el peligro de embarrancamiento. Pero ni siquiera así el ex alto cargo asumía una explicación tan simple. Se dejaba llevar por lo complejo. «Esas decisiones se toman en el peor de los escenarios [...] es un anticiparse a riesgos mayores», insistió.

José Luis López Sors nunca dejó de asumir en solitario la decisión de alejar el Prestige, con todo lo que esto le ha acarreado en estos diez años. Aseguró que departía con su superior jerárquico, el subsecretario de Fomento Adolfo Menéndez (que no declarará como testigo), pero que no hablaba habitualmente con el ministro Francisco Álvarez Cascos (que sí testificará en enero).

-Igual no podía porque estaba de caza.

-Eso a mí no me consta.

Sostuvo que no necesitó ninguna aprobación por parte de sus superiores. Pero su responsabilidad sobre el alejamiento terminaría, según su declaración de ayer, cuando los salvadores de Smit se hacen cargo del petrolero en la madrugada del día 15. La empresa de salvamento «tarda» en llegar y el exdirector de la Marina Mercante aporta una explicación sobre la estrategia de la Administración que no había sido aportada a autos. «Cuando hablamos de separar de la costa era para poner un margen de seguridad. Al día siguiente, separar era llevarlo a la distancia a la que estaba cuando tuvo el accidente [...] Desandar el camino andado». Se trataba de dejarlo un poco más allá del canal de bajada del corredor de Fisterra, a unas treinta millas, para «entregar allí el barco a los salvadores».

La opción del refugio

Trepat insistía en que esta explicación era inédita y después preguntó:

-¿Nunca se plantearon llevarlo al seno de Corcubión?

-No. Ningún marinero de la zona nos lo sugirió.

-¿Nadie lo planteó?

-No se nos ocurrió en ningún momento. Quizás desde el sur habría sido posible, pero no desde el norte.

Después discuten la distancia a la ensenada de Corcubión y López Sors comenta:

-Imagínese este juicio si hubiera metido el barco en Corcubión.

-No estaría en el banquillo.

-Estaría con el señor Mangouras en la cárcel.

Para el capitán también tuvo reproches. «Lo que tenía que haber hecho era tomar remolque y luego discutir el precio». Mangouras no movió un músculo. 
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