lunes, 10 de marzo de 2014

Una opinión

El Gas Natural Licuado – la panacea energética para Europa

La anexión de facto de Crimea por parte de Rusia nos recuerda la gran dependencia energética de la UE de proveedores externos no fiables (Rusia, Venezuela), localizados en regiones inestables (Argelia) o víctimas de conflictos internos (Libia). La energía importada cubre el 54% del consumo europeo,convirtiendo a la UE en el primer importador mundial de energía. La UE importa más del 80% del petróleo y 60% del gas que consume. Según la Agencia Internacional de la Energía, la dependencia europea de energía exterior alcanzará 70% en 2030.

La ausencia de una política energética común europea es desesperante. Francia genera el 80% de su electricidad mediante sus centrales nucleares, pero el abandono de dicha energía por parte de Alemania, su prohibición en Italia y su impopularidad impiden su desarrollo común europeo. Los hidrocarburos del Mar del Norte se agotan, y el lobby verde frena la explotación de los depósitos de gas de esquisto, cuya cantidad es considerable en el norte de Europa y Ucrania y no despreciable en España. Las energías renovables generan un porcentaje aún insignificante de la electricidad a nivel europeo. Unicamente Dinamarca puede presumir de haber desarrollado su energía eólica desde los años setenta y de haber logrado que las renovables generen más del 30% de su electricidad.

Debemos investigar para desarrollar las tecnologías que nos permitan almacenar y transmitir la electricidad generada por fuentes renovables. Sin embargo, la propia Comisión Europea reconoce que no se cumplirá el objetivo en 2020 de producir el 20% de la energía total consumida por parte de fuentes renovables (33% de la electricidad, 21% de la necesaria para calefacción y refrigeración y 11% para el transporte). Y las renovables generan costosas contradicciones. Alemania tiene que financiar a sus productores de renovables aunque la electricidad producida en condiciones favorables (intensidad de viento e irradiación) se pierda por la incapacidad de almacenarla o distribuirla a otros países por una red que no está integrada.

La revolución energética de EEUU ofrece la mejor perspectiva energética para Europa. EEUU ya es el primer productor mundial de gas natural y este año igualará a Arabia Saudí con una producción de 14 millones de barriles de petróleo diarios. El lobby verde no es capaz de impedir la mayor explotación de reservas petrolíferas en estados como Montana o Dakota del Norte y del gas de esquisto. Obama o el próximo presidente aprobará la construcción del oleoducto Keystone XL, que aumentará la capacidad de transporte de petróleo crudo sintético y arenas bituminosas de Canadá para su refinamiento en EEUU Estados Unidos tiene ya la capacidad de exportar gas natural licuado a Europa. Para ello no es necesario construir oleoductos, sino terminales de regasificación del GNL transportado por vía marítima. Bélgica, Francia, Italia, España, Países Bajos y Portugal ya importan GNL.

Tenemos pues la panacea energética para Europa a nuestro alcance. Existen, sin embargo, intereses contrarios a la exportación de GNL de EEUU a Europa. Los grandes consumidores industriales de gas natural en EEUU temen que aumentaría su precio. La pasión alemana por su modelo energético sostenible (renovables y más eficiencia energética) es conmovedora pero irracional: aumenta la factura energética de sus empresas y particulares. En 1980 Alemania Occidental y otros países europeos decidieron financiar gaseoductos para importar gas soviético. Esperemos que los líderes europeos actuales aprendan del error.
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