viernes, 7 de septiembre de 2012

Y vaya noticia...

Y ayer Citigroup soltó una inesperada bomba de relojería

Al menos para quien esto suscribe cuasi a diario. De acuerdo con la agencia de noticias Bloomberg, los analistas de Citigroup prevén que Arabia Saudita se convierta en importador neto de petróleo de aquí a 2030. Dar carta de validez a pronósticos a tan largo plazo suele ser receta para el descrédito de quien lo hace, léase McCoy. Pero son tan relevantes las consecuencias que se derivarían de que ese hecho ocurriera, de ese long tail risk, que merece la pena detenerse un pelín en la historia. Y no, no me estoy refiriendo a las implicaciones sobre la oferta y demanda de crudo, muy relativizadas desde el boom del shale oil, que también, sino, sobre todo, a lo que puede suponer en términos de estabilidad para una de las zonas más críticas del planeta, que menudo veranito nos han vuelto a dar Israel e Irán, por no hablar de Siria.

Sigamos con la información. El reino wahabita (actualizado a las 18:00, por error había puesto alauita, sorry) afirma, consume internamente prácticamente un cuarto del crudo que genera, que es utilizado fundamentalmente para la generación eléctrica dado su carácter subsidiado. Se usa de forma simultánea al gas natural cuya producción se destina íntegramente al mercado interior con el mismo fin. Pues bien, resulta que la demanda de electricidad está creciendo en el país a ritmos del 8% anual. ¿Y? Y… puesto el dato en consonancia con los barriles que a diario salen de los pozos locales, el analista del banco de inversión estadounidense Heidy Rehman advierte del inevitable salto de este estado de exportador a comprador de oro negro en menos de dos décadas. Proyecta que algo queda. Pero… ¿si su vaticinio se cumple?

Lo interesante llega a continuación, cuando pasa a explicar los efectos de tal proceso. El 86% de los ingresos presupuestarios de Arabia Saudita se derivan del petróleo. De sus pozos sale el 13% del output mundial. Es precisamente el flujo de caja derivado de la venta de la materia prima lo que permite mantener una estructura de gobierno arcaica y sofocar el descontento popular, sobre todo en los más jóvenes, a base de inversiones públicas y subvenciones ‘privadas’. No en vano, y por volver al tema que nos ocupa, las eléctricas pagan menos de $15 el barril por el acopio de combustible para sus centrales de fuel frente a los $115 al que cotiza, por ejemplo, el Brent generando de este modo un ‘agujero’ para las arcas públicas cercano a los 80.000 millones de dólares. Es también ese dinero el que permite comprar seguridad armamentística y financiar la expansión del Islam por los cinco continentes a través de la construcción de mezquitas o escuelas coránicas, por poner solo dos ejemplos.

¿Qué ocurriría en caso de desaparecer ese chorro de millones? Para cuando sucediera ya habría perdido la condición de árbitro en la oferta de crudo OPEP, al carecer de recursos físicos para compensar desequilibrios como hasta ahora y perder el ascendente sobre los elementos más díscolos de la organización. Aumentaría la volatilidad del suministro. Además, si los precios siguieran a los niveles actuales, se encontraría con un coste de acopio disparado que podría empeorar aún más sus finanzas internas. Algo que necesariamente conduciría a restricciones de inciertas consecuencias sociales, hasta el punto de que no sería descartable una nueva ‘primavera’ política en la región. Eso por no hablar del impacto que tal vulnerabilidad re-generaría en una zona ya de por sí calentita al quedar con el coxis al viento el mayor aliado de los Estados Unidos.

No es de extrañar que, ante ese panorama, internamente se esté defiendo el desarrollo de alternativas de abastecimiento energético como la nuclear o la basada en energías renovables. Lo cuestionado por un motivo (seguridad y residuos) u otro (ayudas a la producción) en el mundo occidental se convierte en Arabia Saudita en una apuesta por la propia supervivencia. Fuera remilgos. El problema, al menos en el caso de la nuclear, es: ¿llegará a tiempo? Desde fuera, además, se apela a la inviabilidad financiera del modelo subsidiado actual, si se cumplen los peores augurios, y se conmina a sus dirigentes a despertar del sueño de la abundancia y cambiarlo a través de la liberalización de los mercados interiores, la eliminación de las ayudas y la gestión eficiente de su disponible. ¿Serán capaces?
Fuente: Cotizalia
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