lunes, 7 de abril de 2014

De diseño

Los barcos ya no son lo que parecen
La alerta del falso avión la causó un ´kit´ ensamblado de remolcador, pontona y grúa

"¿Es un pájaro, un avión...?" No, es un barco. Pontona, remolcador, ´supply´, crucero, yate, rastreador de petróleo o un moderno mercante. Cada una de estas embarcaciones ha evolucionado en su diseño y formas, hasta el punto de hacerse cada vez más indescifrables vistas desde tierra.

Willem Groenier, capitán del Dutch Royal, nunca sospechó que sería objeto de tanta atención en el recorrido que aún debe estar completando entre Holanda y Nigeria. El remolcador arrastraba el pasado 27 de marzo, a la altura de la costa de Jinámar, una pontona, o plataforma rectangular de carga, que a su vez transportaba una gran grúa amarilla. Los servicios de vigilancia y emergencia apuntaron a un avión caído en aguas grancanarias, tras recibir varias alertas ciudadanas. Más de un vecino avisó desde la costa de un aparato volador naufragado... pero no fue el caso. El incidente dio la vuelta al mundo, y provocó una cascada de chistes y bromas gráficas en las redes sociales o servicios de mensajerías como el WhatsApp. También se generó una polémica sobre el origen de la alarma. Porque, al fin y al cabo, ¿cómo se puede confundir un barco con un avión?

En realidad, el perfil que ofrece el buque moderno se ha alterado paulatinamente durante los últimos tiempos. La especialización de cada una de las flotas, en función de las diferentes misiones que deben completar en el mar, ha hecho evolucionar considerablemente el diseño del casco y la apariencia externa de las naves. Así ha sucedido en la denominada industria Offshore: la que persigue explotar los grandes yacimientos submarinos de hidrocarburos, ocultos hasta la fecha a gran profundidad en los fondos de los océanos.

En el Puerto de las Palmas, que se ha especializado en la reparación de las plataformas petrolíferas y perforadores, también recalan a menudo sus barcos de asistencia, los denominados supplies. Muchos llegan procedentes del Golfo de Guinea, zona caliente hoy en el mundo Offshore. Estas embarcaciones no son demasiado grandes: con ciento y pocos metros de eslora, están dotadas para prestar apoyo logístico, abastecer a su nave matriz, transportar técnicos y especialistas, material sensible o incluso recibir helicópteros. Además, a menudo deben operar con el menor movimiento posible en alta mar, lo que consiguen gracias a sus sistemas de posicionamiento dinámico en la proa, que adquiere ahora singulares formas.

En otras ocasiones, son los buques buscadores de petróleo los que dejan atónitos a quienes los contemplan a su llegada a los puertos. Fue lo que ocurrió con el Ramform Titan, que en octubre fue reparado por Hidramar en el muelle de Cambulloneros, en el recinto de la capital grancanaria. Con 104 metros de eslora y 70 de manga, este barco, el mayor rastreador de hidrocarburos del globo, es capaz de lanzar redes kilométricas tras de sí para explorar los fondos marinos con ultrasonidos. Su forma de gran triángulo supera diseños pasados y sorprende al curioso: bien podría volar por el espacio en cualquier serie de éxito de Ciencia Ficción.

Claro que no sólo la flota petrolera ha adquirido esa capacidad estética. En lo que atañe a los barcos con fines científicos se pueden localizar sin dificultad diseños de apariencia futurista. Como el del MS Turanor Planet Solar, que ha recalado ya en dos ocasiones en Gran Canaria: un pequeño navío de 30 metros de eslora y 15 de manga cubierto de placas solares adheridas al barco, que recorre el mundo a base de energía alternativa y con el objetivo de completar diversos estudios de investigación. Fue descrito con un escueto "alucinante" por el personal del Muelle Deportivo que contempló su último atraque, el año pasado.

Luego están los barcos de recreo, grandes y pequeños, que revolucionan las tendencias. Los diseñadores de yates, por ejemplo, apuestan por la aerodinámica y, sobre todo, la eficiencia en el consumo de combustible a la hora de concebir cómo lucirán estas embarcaciones de lujo. El mismísimo Steve Jobs se implicó, junto con el prestigioso Philippe Stark en el diseño de su Venus, un yate espectacular que no pudo disfrutar en vida el impulsor de Apple, y que pasó por La Luz el pasado mes de octubre. 
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