miércoles, 19 de diciembre de 2012

La prueba del 9

Medición del impacto climático del gas natural
Un sistema para la medición de las fugas de metano podría resolver la cuestión de si el gas natural es bueno para el clima.

Nadie sabe exactamente cuánto metano, un potente gas de efecto invernadero, se filtra de los pozos de gas natural y los oleoductos. Un nuevo sistema de detección de gas natural de Picarro, una compañía con sede en Santa Clara, California (Estados Unidos), podría servir de ayuda. El sistema hace mucho más fácil y rápida (y potencialmente barata) la detección y localización de la fuente de las emisiones de gas natural.

Aunque la quema de gas natural para generar electricidad libera alrededor de la mitad de dióxido de carbono que la quema de carbón, este beneficio podría verse afectado negativamente por el metano que se libera por accidente durante la perforación o la transmisión del gas natural. Parte del gas se filtra a la atmósfera mientras se está produciendo en los pozos, se comprime y se envía a las ciudades, o se distribuye a los hogares y vehículos. La magnitud de las fugas no se conoce porque su medición no resulta práctica.

Es relativamente fácil medir la cantidad de metano en el aire, pero es difícil saber exactamente de dónde proviene. Es necesario determinar qué empresa de perforación de gas, por ejemplo, podría tener un sistema particularmente permeable. También es importante dado que existen muchas fuentes de metano distintas al sistema de distribución de gas natural, entre ellas las fugas de metano naturales y el metano producido por el ganado y en los vertederos. "Es complicado atribuir las fugar de emisiones con precisión a una fuente en particular mediante las herramientas convencionales de muestreo de aire", señala Francis Sullivan, investigadora del MIT (Instituto de Tecnología de Massachusetts, EE.UU.) que estudia las emisiones de metano.

Picarro señala que su nueva tecnología hace que la localización de la fuente sea mucho más fácil. Su sistema móvil de medición se monta en un coche, permitiendo a los técnicos conducir a través de un área para identificar rápidamente la fuente de las fugas en tiempo real. Combina un avanzado detector de metano basado en una tecnología de la Universidad de Stanford (EE.UU.) que fue lanzado al mercado en 2005, junto con sensores de dirección del viento, detectores de isótopos y algoritmos patentados. Las mediciones de isótopos pueden determinar si el gas procede de una fuente biológica, como un vertedero, o de combustibles fósiles. Las mediciones de metano, integradas con los datos del viento y la información sobre la ubicación exacta y la velocidad del coche, se utilizan para trazar el origen de la fuga en Google Maps.

En una prueba, el sistema logró detectar una fuga a medida que los técnicos pasaban por delante de una planta petroquímica. En este caso, se habría asumido que esa era la fuente del metano, señala Eric Crosson, director de tecnología de Picarro. Sin embargo, las mediciones de isótopos identificaron el origen de la fuga como biológico, y las mediciones de viento indicaron que venía de un campo vacío, que resultó ser un vertedero con fugas. Afirma que determinar este tipo de cosas podría haber tomado días o semanas con la tecnología anterior.

La tecnología se ha utilizado recientemente para estudiar todas las 785 millas (1.263 kilómetros) de carreteras en Boston en el transcurso de seis semanas. Se han identificado 3.356 puntos donde los niveles de metano fueron más de 15 veces superiores al normal. Este nivel de análisis va mucho más allá de lo que las empresas de gas natural normalmente realizan para detectar fugas, en parte porque sobre todo les preocupan las fugas de gran tamaño. En Boston, solo seis de las fugas se consideraron lo suficientemente grandes para que el servicio público local hiciera algo al respecto.

La compañía PG&E en California, que está siendo presionada para mejorar sus prácticas después de una gran explosión de gas natural producida en 2010, también ha adoptado la tecnología de Picarro. PG&E afirma que la tecnología es mil veces más sensible que los métodos convencionales, y permite a la empresa detectar y corregir las fugas más rápidamente.

Que la tecnología de Picarro, y otras tecnologías para estudiar las fugas de metano, logren ser utilizadas ampliamente podría depender de la regulación. "Sin duda, existe la necesidad de realizar mejores mediciones", señala O'Sullivan. "La pregunta es, ¿quién va a cubrir los costes?".
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