miércoles, 17 de septiembre de 2014

Nos va a dejar en el paro

El barco que no necesita tripulación
El ReVolt es un barco que alcanza los 6 nudos y que se autodirige sin necesidad de manejo humano

El transporte marítimo es el modo más antiguo y más empleado para trasladar mercancías en nuestro planeta. Por su gran capacidad, los bajos costes, la flexibilidad y la versatilidad que ofrece juega un papel indiscutible en el comercio internacional. Sin embargo, uno de los principales problemas que presenta es el elevado tiempo que se permanece en alta mar, obligando a la tripulación de los barcos a pasar en alta mar muchos meses de sus vidas.

Esta situación podría cambiar en los próximos años. Y es que, en nuestro repaso diario por la blogosfera hemos descubierto en la bitácora «The Verge» un prototipo que puede revolucionar el comercio marítimo del futuro. Se trata del ReVolt, un carguero que no necesita tripulación.

El ReVolt es un proyecto que ha desarrollado la compañía DNV-GL y que busca un transporte sostenible y respetuoso con el medio ambiente a la vez que es autónomo. En lugar de funcionar con combustible, emplea baterías de 3.000 kWh que alcanzan las 100 millas náuticas de autonomía (185 kilómetros).

Pero el principal aliciente de este dron náutico es la ausencia de tripulación. Una de las razones que lo justifica es la elevada mortalidad de los trabajadores en el mar, además de la necesidad de reducir costes y la búsqueda de la eficiencia. De esta manera se gana espacio en el barco para poder desplazar un mayor número de mercancías y la posibilidad de pérdida es remota, puesto que cuenta con sistemas de navegación y de posicionamiento inteligentes.

Actualmente el ReVolt se encuentra en fase de pruebas y aún es necesario que la tecnología evolucione acorde a los requerimientos que este barco exige. Cuando esté construido alcanzará velocidades de 6 nudos (11 kilómetros por hora). Pese a todo el fabricante afirma que ya es posible hacer los primeros prototipos. Quizás muy pronto veamos cómo nuestros barcos teledirigidos de la infancia toman tamaño real. 
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