lunes, 15 de septiembre de 2014

Piden colaboración

Haití quiere localizar los restos de la nave de Colón con ayuda de España
La ministra de Cultura de la isla se interesa por el estudio español que demostró que la nao Santa María está en tierra

La nao Santa María es, seguramente, del pecio más importante de la historia, porque nos lleva directamente al momento en el que dos mundos se encontraron. La nave capitana que Cristóbal Colón llevaba en su primer viaje a América, quedó encallada en la Navidad de 1492 y sus restos, por pocos que sean, guardan información preciosa. Datos capitales para comprender el momento en el que Europa y América se encontraron.

La ministra de Cultura de Haití, Monique Rocourt -que ha concedido una entrevista vía email a ABC-, añade un tercer cabo a la unión de esos dos mundos: África, puesto que la isla guarda también la memoria de los esclavos que llegaron al nuevo continente. Haití está en la Española, la isla que tocó Colón al llegar a América, y es hoy uno de los países más pobres del Caribe. Sin embargo es también uno de los primeros que ha suscrito la Convención de la Unesco 2001 para proteger el patrimonio subacuático.

Porque valoran la cultura, Monique Rocourt se convirtió en una de las pocas autoridades americanas -no digamos caribeñas- que se ha atrevido a parar los pies a un cazatesoros y a invocar la protección de la Unesco para evitar que un patrimonio tan importante sea destruido. Afirmó que Barry Clifford, que solicitaba el pasado mes de mayo exclusividad para la búsqueda de la Santa María, «no tenía el nivel necesario para este proyecto». Con prepotencia y patrocinado por el canal History, sin duda se planteaba extraer beneficios antes que compartir la información histórica que pertenece a la humanidad y que si no es excavada científicamente se perderá para siempre.

ABC adelantó el 26 de junio que España había investigado la ubicación de la nao Santa María en 1991, de cara al V Centenario. Un golpe de Estado en la isla derrocó el Gobierno de Arisitide e impidió excavar el lugar elegido, localizado después de un trabajo científico de alto nivel, cuya conclusión es que la Santa María no está ya en el mar, sino bajo 6 o 7 metros de tierra.

Exactamente 23 años después de aquel golpe de Estado, los responsables de aquel estudio volverán a Puerto Príncipe porque la ministra ha mostrado vivo interés en conocer de primera mano el trabajo que llegó a definir un polígono del tamaño de un campo de fútbol donde una prospección arqueológica puede localizar a muy bajo precio lo que quede la nao de Colón.

«La cultura es la clave»

«Creemos que la cultura es la clave de la ecuación de la reconstrucción que salvará nuestro país -afirma Rocourt-. Cuando hablamos de cultura, nosotros vemos la totalidad de nuestro patrimonio material e inmaterial. La reconstrucción de nuestras antiguas fortalezas que son el símbolo viviente de nuestra victoria sobre la esclavitud. Buscar en nuestras tradiciones artísticas o recrear lo que ya no existe, en una perspectiva de educación sobre el patrimonio, la preservación histórica o ecológica, así como la recuperación económica, son parte de esta necesidad de utilizar el pasado para mejorar el futuro, entender y aceptar esta tierra y su historia en su conjunto para convertirlos en elementos creativos y de esperanza».

La ministra nos cuenta que conoció el trabajo realizado en 1991 por María Luisa Cazorla -después de estudios matemáticos, astronómicos, hidrográficos, de corrientes, climáticos, geológicos y una exhaustiva investigación en archivos de varios países- «gracias al embajador español en Haití, Manuel Hernández Ruigómez quien tuvo a bien recordarnos el papel desempeñado por España en 1990-1991, en la búsqueda de la verdad histórica en Colón y su buque insignia».

-¿Qué le parece el proyecto?

-Muy interesante, sobre todo porque al parecer no supondría solamente un componente arqueológico, sino que también propone medidas para revalorizar esta zona a través de un desarrollo temático, que permitiría revivir una parte de la historia poco conocida por los haitianos.

-¿Hay posibilidades de cooperar con España y realizarlo?

-Estamos totalmente abiertos a una propuesta del Gobierno español sobre la investigación de este yacimiento. Ya tenemos acuerdos de cooperación muy positivos con España en otros ámbitos de formación e inventario histórico y daríamos la bienvenida con alegría a este proyecto porque también abriría la posibilidad de la transmisión de conocimientos a nuestros jóvenes técnicos haitianos en la investigación y la arqueología científica.

-¿La mejora que todo esto permitiría en la zona es también una prioridad?

-En otras partes del país, la cultura ya impulsa el turismo con sitios históricos e industrias culturales, que aportan bienestar económico. Este proyecto definitivamente debe participar en la recuperación del turismo que ya se está preparando para el Gran Norte de Haití, extremadamente rica en vestigios. Sólo tenemos que asegurar que las acciones científicas y el «consumo» de los visitantes se apoyan mutuamente. La llegada de Colón a la tierra de los taínos es una historia poco conocida. Mostrar concretamente el sitio de la primera reunión del cacique Guacanagaric con Colón, a través de un parque temático, sería extraordinariamente positivo.

Rocourt relata cómo fue su reacción cuando recibió la noticia de que Clifford había hallado la Santa María. Las obligaciones de la Convención de la Unesco y el escepticismo ante un proyecto nada científico determinaron la reacción adversa y contundente del Gobierno de Haití.

Según fuentes próximas a este proyecto, ahora es muy necesario que España exprese su interés oficialmente y que los buenos oficios del embajador Manuel Hernández Ruigómez se conviertan en las bases de un proyecto tangible. El Gobierno haitiano ha demostrado ser buen interlocutor y la Convención Unesco es el marco perfecto para llevar a buen fin el hallazgo de la Santa María, que no pudo lograrse en 1991. Sin querellas por la propiedad de los restos y priorizando el conocimiento compartido, España, el país que fundó la primera navegación global, demostraría por fin que valora su pasado marítimo y borraría la fama de incuria que los cazatesoros nos reprochan con cierta razón, puesto que no hemos sido capaces de investigar científicamente ni un navío de Indias ni un solo galeón.
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