lunes, 1 de septiembre de 2014

No es tan fácil

China quiere más gas, pero el desafío es grande
Extraer gas en China es más complicado que en Estados Unidos, lo que pone en riesgo la meta del gigante asiático de dejar de depender del carbón y de la importación de energéticos.

Jin Peisheng, un capataz en una plataforma de perforación, sabe cuáles son los desafíos de tratar de extraer gas natural de un filón de carbón bajo los maizales aquí, en el centro norte de China.

Las grietas en el carbón subterráneo están inundadas de agua que hay que extraer con bomba antes que emerja el gas. Los filones están tan fríos que, en ocasiones, los geles que se inyectan en las paredes, cuyo propósito es ayudar a liberar el gas, se hacen pegajosos y bloquean el flujo. Y existe una inquietud constante de pegarle a los laberintos de minas de carbón activas que llenan la zona.

“La mayor incertidumbre es lo que está bajo tierra; si hay un túnel, es un gran peligro. Sería peligroso para los mineros”, notó Jin.

De cara a una grave contaminación del aire debido al carbón y una creciente dependencia en la importación de energía, China ha estado ansiosa en seguir a Estados Unidos, incrementando rápidamente la producción de gas natural.

Sustituir al carbón con gas natural también ha sido central en las esperanzas que hay de limitar las emisiones de gases que producen el calentamiento mundial, porque China es el mayor productor de bióxido de carbono en el mundo, por un amplio margen.

Sin embargo, se duda mucho de su capacidad para extraer gas natural suficiente. A pesar de una fuerte inversión y el apoyo decidido del gobierno, la producción de gas natural en China está creciendo a un ritmo más lento del que tiene la desaceleración de la economía.

La producción de gas natural se incrementó en apenas seis por ciento el año pasado y 4.4 por ciento en el 2012.

El problema principal es que la producción de gas de esquisto ha quedado demasiado corta en cuanto a las expectativas. Eso ha provocado que China dependa de métodos alternos, considerados segundones de conformidad con los estándares estadounidenses, como extraer el gas natural de los yacimientos de carbón.

Ahora, pareciera que el gobierno chino reconoce la escasez. Este verano Wu Xinxiong, el director de la Administración Nacional de Energía de China, dijo en un discurso, en forma inesperada, que el objetivo del país para la producción interna de gas natural para 2020 es solo de 30 mil millones de metros cúbicos de gas de esquisto y otros 30 mil millones de metros cúbicos de gas de los filones de carbón.

Apenas hace dos años, esa dependencia estimó que China produciría entre 60 mil millones y 100 mil millones de metros cúbicos tan solo de gas de esquisto para el 2020.

Si se hacen realidad las proyecciones de Wu, el gas de esquisto y el gas de los yacimientos de carbono suministrarían, cada uno, solo uno por ciento de las necesidades de electricidad de China en 2020.

“Si siguen creciendo la población y la economía, y persiste un extensivo uso de la energía, será difícil sostener la generación de electricidad en China”, advirtió Wu.

Se ha tardado en aumentar la producción de gas a pesar de los vigorosos esfuerzos que ha hecho Pekín para que sea financieramente atractiva para las compañías de electricidad, incluidos los subsidios directos a la producción de gas de esquisto.

El gobierno chino también anunció el 13 de agosto que aumentaría los precios al mayoreo del gas natural en las zonas urbanas, en aproximadamente 18 por ciento para los usuarios industriales, al finalizar este mes.

El gas había parecido que sería una de las únicas formas que quedaban para que China redujera su adicción al carbón.

El programa de energía nuclear del país se desaceleró después de la triple fusión en Fukushima, Japón.

Los esfuerzos en la expansión de la energía hidroeléctrica se han tomado con inquietudes ambientalistas, así como con el enorme costo de reubicar a las personas que viven en las zonas que se habrán de inundar cuando se construyen presas para hacer lagos artificiales.

La energía solar y la eólica están creciendo en forma muy rápida, pero a partir de bases reducidas.

Las cifras modificadas de las que habló Wu representan el primer reconocimiento oficial por parte de China en cuanto a lo que los expertos occidentales han estado diciendo durante muchos meses: el país no se acercará al éxito de Estados Unidos con el gas de esquisto dentro de poco tiempo.

Los depósitos de gas de esquisto se encuentran a mayor profundidad en China que en Estados Unidos, con lo cual se incrementan en forma tremenda los costos de perforación. Asimismo, el esquisto chino tiende a estar cargado de arcilla y es mucho más húmedo que el estadounidense, por lo cual es más difícil fracturar el esquisto y liberar el gas bombeando líquidos y arena bajo tierra, el proceso que se conoce como fractura hidráulica.

Después de 40 millones de años de potentes sismos, a medida que el subcontinente indio chocaba contra el sur de Asia, los principales filones de gas de esquisto en la parte occidental de China están revueltos bajo tierra, en lugar de yacer planos, como sucede en Estados Unidos, explicó Jeff Layman, un socio en la oficina en Pekín de Baker Botts, el enorme bufete de abogados en energía con sede en Houston.

En marzo, Sinopec, un gigante petrolero chino, anunció el primer depósito comercialmente viable de gas de esquisto del país, en las afueras de Chóngqing, y pronosticó una producción anual que alcanzaría unos importantes 10 mil millones de metros cúbicos para 2017. Sin embargo, la compañía dio a conocer pocos detalles, lo que provocó que los expertos extranjeros en energía empezaran a indagar si todos los filones son realmente de esquisto, y Sinopec insiste en que sí lo son.

Ni Sinopec ni su rival PetroChina, han anunciado ningún otro yacimiento grande, a pesar de las extensas perforaciones. Estas dos compañías paraestatales dijeron en marzo que seguían perforando en forma activa en busca de gas de esquisto en China, aun cuando están reduciendo su presupuesto para exploración de petróleo y gas en todo el mundo, al haber tenido resultados pobres.

Sinopec y PetroChina son el blanco de amplias indagatorias gubernamentales por posibles actos de corrupción, incluidos los contactos con vendedores externos. Eso ha hecho que sus ejecutivos sean renuentes a aprobar más contratos para perforar esquisto, comentó un ejecutivo de la industria petrolera en China, quien insistió en el anonimato debido a problemas legales que hay de por medio.

China necesita desarrollar una mejor tecnología antes de empezar a trabajar en muchos de sus depósitos de esquisto, notó Yin Shenping, el presidente y director ejecutivo de Recon Technology, una compañía de servicios de gas de esquisto con sede en Pekín.

“Es obvio que el país decidió ahora reducir el proceso de perforación”, expresó.

Las expectativas más bajas en el gas de esquisto han tenido como resultado un mayor interés en otra categoría de gas no convencional, el metano de mantos carboníferos. En este proceso, se recopila el gas natural perforando los filones de carbón bajo tierra.

Estados Unidos, Australia y otros países han utilizado este método durante varias décadas. Sin embargo, es frecuente que extraigan el gas natural antes de comenzar con la del carbón para reducir el riesgo de que pudiera explotar el gas en las minas carboníferas.

El dilema de China es que muchos de sus yacimientos de carbón están en minas en funcionamiento. El país tiene 13 por ciento de las reservas mundiales de carbón, pero 47 por ciento de la producción del mundo. Muchos operadores de minas de carbón se han opuesto a la producción cercana de metano en mantos carboníferos, por temor a que el bombeo de arena y químicos en los pozos para liberar el gas pudiera tener el efecto no deseado de llevar el gas a sus minas.

El gobierno chino ha negociado con los operadores de las minas y las aldeas aquí, en Shouyang, a 354 kilómetros al suroeste de Pekín, para autorizar un enorme proyecto de metano de manto carbonífero, liderado por la corporación con sede en Houston, Far East Energy. Michael R. McElwrath, el director ejecutivo de esa compañía, dijo que cree que con el proyecto se mejoraría la seguridad en los yacimientos de carbón al remover el gas explosivo de los filones subterráneos.

Sin embargo, el yacimiento carbonífero en Shoyang es poco común dentro de China porque el carbón es bastante permeable, lo cual permite que el gas fluya bajo la tierra. Si no hay más descubrimientos de carbón permeable, comentó McElwrath, “tendremos un lindo proyectito, pero no podrá despegar la industria”.

Far East Energy enfrenta sus propios problemas. En junio, la compañía anunció que había cerrado una cuarta parte de sus 160 pozos por diversas razones, tales como geles pegajosos o falta de ductos para recolectar el gas; la compañía planea recomenzar la mayoría de estos pozos más adelante.

“Estamos considerando una variedad de transacciones estratégicas para fondear las actividades de perforación del año entrante”, notó McElwrath y declinó entrar en detalles.

Grupos de trabajadores han estado laborando en esta localidad en los últimos años, en un campo cuya tierra es amarilla y tan suave que hasta los arroyuelos más reducidos cortan zanjones de flancos escarpados, de 15 metros de profundidad o más.

Parte del equipo que se renta localmente tiene diseños que raras veces se ven en Estados Unidos desde la Segunda Guerra Mundial, un indicio de que China todavía está rezagada en la tecnología de los martillos percutores. En cada localidad, los trabajadores batallan con las muchas idiosincrasias.

“En Estados Unidos, sale a la superficie con mayor facilidad”, comentó Robert Hockert, de tiempo atrás gerente de perforaciones para gas de esquisto y metano de mantos carboníferos en Wyoming, quien ahora es el gerente rural en China de Far East Energy. “Aquí, tienes que trabajarle duro”.
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