lunes, 18 de mayo de 2015

Solución humanitaria


Tailandia dispuesta a acoger un barco con más de 450 inmigrantes


El barco en el que se hacinan 450 emigrantes de Bangladesh continúa navegando por el mar de Andamán sin que se encuentre un destino final donde puedan desembarcar. Desde aguas territoriales de Tailandia pasa a las de Malasia para ser devuelto a las costas de Tailandia y, desde allí, intentar acercarse a Indonesia para volver a Tailandia. La situación a bordo resulta dramática según personas que han conseguido acercarse a la embarcación, ya que, además del hambre, el calor sofocante y la falta de espacio, empiezan a aparecer tensiones, especialmente entre los inmigrantes de Bangladesh, hombres jóvenes que huyen de la pobreza en su país y van en busca de trabajo, y los rohingyas, familias enteras que escapan por razones políticas de la persecución a la que se ven sometidas por el gobierno birmano.

Desde que el pasado jueves el barco apareciera cerca de la isla de Koh Lipe a la deriva a causa de una avería en el motor, la marina tailandesa ha proporcionado agua y alimentos a los emigrantes en varias ocasiones y ha ayudado a la reparación de la nave para que siguiera su camino hacia Malasia. El gobierno de Tailandia se ha mostrado dispuesto a acoger por razones humanitarias a estos desplazados, en caso de que su vida corra peligro, sin embargo, la voluntad de la mayoría es seguir hacia Malasia o Indonesia, países de religión musulmana, donde algunos de ellos ya cuentan con familiares. Según ha relatado a la agencia Reuters un oficial de la marina tailandesa, el barco parece estar bajo control de dos o tres «agentes» o traficantes que obligan a los pasajeros a continuar en el mismo. «La primera vez que los interceptamos, todos querían ir a Malasia. Hoy, algunos querían quedarse en Tailandia, pero los agentes no se lo han permitido», ha explicado este guardacostas.

Naciones Unidas calcula que unos 25.000 rohingyas han huido de la provincia de Rakhine en Birmania desde principios de año y, aunque es difícil establecer una cifra precisa, diversas organizaciones no gubernamentales consideran que, en estos momentos, habría unas 6.000 personas a bordo de otros barcos tratando de alcanzar las costas de Malasia e Indonesia. El problema se ha agudizado en las últimas semanas ya que las autoridades tailandesas han incrementado el control de sus fronteras terrestres, una de las vías habituales para el tráfico de personas hacia Malasia, ante los abusos cometidos contra estos emigrantes que eran esclavizados por funcionarios locales.

El primer ministro de Malasia, Najib Razak, ha pedido a las autoridades birmanas que tomen medidas para acabar con esta crisis que afecta a varios países del sureste asiático y se espera que, a finales de mayo, pueda celebrarse una cumbre en la que se busquen salidas para el éxodo. Pero, de momento, Birmania no parece dispuesta a realizar concesiones.

Los rohingyas, de religión musulmana, son perseguidos por el gobierno de Birmania que les niega el derecho a la vivienda, educación o sanidad y se niega a concederles la nacionalidad pese a llevar instalados desde hace varias generaciones en el país.
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