viernes, 31 de octubre de 2014

Historia flotante

El buque Elcano, un barco cargado de anécdotas y curiosidades
Una enfermería para infecciosos, calidades distintas en los camarotes según los mandos o retretes de porcelana, fueron algunos de los singulares encargos en su construcción

El anecdotario particular del Juan Sebastian de Elcano parte ya en su propio contrato de obra, ya que el barco fue la renovación de otro anterior para adaptar el motor-velero Minerva como buque de guardiamarinas. Por ello, aunque el origen oficial del proyecto fue un Real Decreto de junio de 1924, el auténtico se debe a un acuerdo suscrito un año antes entre el Ministerio de Marina y los astilleros de Echevarrieta y Larrinaga para remodelar el Minerva.

De hecho, y tal y como figura en la contrata de obra, ésta fue la denominación inicial del buque, hasta que el primero de los empresarios navales, Horacio Echevarrieta y Maruri, propusiera al general Primo de Rivera su bautizo como Juan Sebastián de Elcano, finalmente aprobada por el Rey Alfonso XIII.

Dos años más tarde, el 17 de agosto de 1928, la Armada española recibiría el primer, y no último, buque construido para la formación de futuros oficiales. Y es que el proyecto del ingeniero inglés Charles Nicholson, convertido en la actualidad en la mayor goleta del mundo, perdió su patente de exclusividad con el buque Esmeralda, embarcación que empezó a construirse en 1946 para sustituir al Elcano.

El buque, usado tras un trueque

El nuevo buque fue utilizado finalmente en 1954 como parte del trueque que el Gobierno del Generalísimo acordó con el entonces presidente de la República de Chile, Gabriel González Videla, para saldar las deudas impagadas por importación de salitre.

El destino quiso entonces que el Elcano perviviera en activo como buque escuela y llegara hasta nuestros días conservando partes de su diseño original. En sus especificaciones es curioso comprobar cómo la diferencia de graduación tenía un reflejo directo en los grandes y pequeños detalles de habilitación.

Mientras que las estancias del comandante y los oficiales estaban decoradas con caoba, terciopelo, cortinillas con satén de seda y rellenos de crin de animal, la marinería se acomodaba austeramente en coys, con maderas de pino y tenía beques o baños turcos en lugar de aseos de porcelana. Hasta el espejo variaba entre biselado o liso en función del personal de destino.

El proyecto, que tenía un presupuesto inicial de 7,5 millones de pesetas y se elevó a 8,2, recogía también curiosidades: una campana de mano «grabada con el nombre del buque y con su palomilla de suspensión», 473 lámparas, mangueras y cubos contra incendios, y hasta una enfermería especial para infecciosos.

Curiosidades históricas

Presupuesto: Costó 7.569.794 pesetas.

Casco: 1.700 toneladas de acero.

Estancias: Contemplaba estancias como enfermería de infecciosos o beques (retretes turcos) para marineros. Comedor, baño y despacho del comandante. En el escrito de encargo especificaba la instalación de un diván curvo «(...) que tendrá asiento y respaldo rellenos de crin animal forrados de terciopelo», un retrete de inodoro de porcelana, un tintero, un portasecante o dos escupideras».

Lámparas: 473 y 8.650 bujías.

Calefacción: Setenta aparatos con una potencia de 33.100 vatios. y 8.650 bujías.

Velas: Veinte, de lona «de excelente calidad, cosida con buen hilo doble de no menos de dos pulgadas de anchura».

Botes salvavidas: 16 con capacidad para 412 personas. 
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